Ahi estaba. Sentado en la esquina, todavia no venía el colectivo.
Yo sabía que estaba despeinado. La puta crema para peinar no me peina, y ando con las manos manejandome el pelo casi todo el día.
Entonces ahi estaba, buscando algún reflejo para arreglar eso que la crema no arregla. Y no habia ninguno.
Hasta que una ambulancia se detiene en el semaforo. Perfecto! La ventanilla de adelante me reflejaba la cabeza, justo lo suficiente asi arregle los pelos que estaban mas desacomodados de lo que pensaba.
Ví unos deditos que jugaban en la ventanilla. Enfoqué mis ojos para ver dentro de la ambulancia. Adentro, una nena de dos o tres años, recostada sobre una señora que la alzaba, jugaba con los dedos en la ventanilla.
Pero ahora parecía estar viendo hacia afuera, y ahi estaba yo, pero ya no me peinaba.
¿Que podía hacer?Le sonreí.
Pero ella me sonrió a mí, ELLA SI me sonrió. Y entonces yo realmente le sonreí.
Y ahí estaba yo, alegre como pocas veces habia estado. Y menos por algo "tan chico".
Yo, que me enerva escuchar "Ay! los niños esto, los niños lo otro, que la sonrisa de un niño es lo mejor que te puede pasar. Que la claridad de los niños, que la inocencia, que son el futuro" etc etc etc.
Ahi estaba, alegre por esa chiquita.
Y ahora lo pienso, y pierde encanto obvio, no es la misma emoción.
Y lo razono, y casi lo cago obvio, hay cosas que no se razonan.
Y me doy cuenta que me sentí así porque fue un regalo.
Yo le sonreí "para hacer algo", "para ser simpatico".
Ella me sonrió porque sí.
Y me regaló ese momento.